Controlar la presión de los neumáticos y mantenerla en el nivel adecuado alarga su vida útil haciendo que duren más tiempo, también contribuye al ahorro de combustible y ayuda a la prevención de accidentes porque la dirección y la tracción se vuelven más confiables.

No es suficiente darle pataditas a las llantas para comprobar si tienen la presión correcta, es necesario medirla con un manómetro siguiendo las instrucciones del manual o con el mecánico.

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Los riesgos de andar con la presión incorrecta en los neumáticos son los siguientes:

PRESIÓN ALTA

  1. Desgaste del neumático: La presión excesivamente alta desgasta de forma irregular el neumático más que todo por la parte central de la llanta.
  2. Agarre:Las llantas con mucha presión pierden adherencia con la calzada poniendo en riesgo la seguridad de los ocupantes y teniendo menor efectividad al frenar de emergencia.
  3. Pérdida de trayectoria:Una rueda inflada de más puede producir la pérdida de trayectoria del vehículo en las curvas o a velocidad alta.
  4. Confort: Tener las llantas muy infladas hace que la suspensión del carro se vuelva más rígida y absorba peor las irregularidades de la vía, afectando el confort de los ocupantes.

PRESIÓN BAJA

  1. Calentamiento de las llantas:Cuando las llantas cuentan con menor presión de la adecuada, las llantas alcanzan temperaturas altas prontamente exponiendo el automóvil a daños graves.
  2. Distancia de frenado:Cuando los neumáticos tienen menor presión de la necesaria, la distancia de frenado es mayor y representa un riesgo de accidente más elevado.
  3. Deformación de las llantas:La baja presión en las llantas genera una deformación exagerada y reduce en un 30% su duración.
  4. Precisión de la dirección:Es más difícil dirigir el vehículo porque se reduce la precisión de la dirección.
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